Encerrado (Capítulo 2)
Sentía un dolor punzante en la cabeza mientras me empujaban por la puerta, además de que parte del rostro se me comenzaba a inflamar debido a los golpes que habían descargado sobre mí. Al salir de mi celda me topé con un largo pasillo lleno de puertas idénticas a la mía, y caminé a regañadientes mientras me encajaban cada vez más el arma en la espalda. Cuando pasamos por la última puerta se escuchó como si alguien se arrojara contra ella y después del sórdido golpe hubo una serie de amenazas y gritos. Ellos únicamente rieron y me ordenaron con una voz fría que siguiera caminando.