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Eran las 2:43 de la mañana cuando Ozias manejaba su sedán 2015 por una de las avenidas principales de la ciudad. Había sido una noche tranquila y mientras más avanzaban las manecillas en su reloj, más evidente se hacía que la madrugada de aquel miércoles sería aún más tediosa. Pensaba en regresar a casa, besar a su hijo de 8 meses en la frente y abrazar a su esposa antes de dormir, cuando su teléfono sonó. Lo tenía en una base cerca del volante y de reojo pudo ver la notificación al encenderse la pantalla anunciando una nueva solicitud, era una de esas aplicaciones relativamente nuevas, por lo menos para él, en las que un usuario podía solicitar sus servicios como chófer. De alguna forma le resultaba gracioso el haber pasado de trabajar para uno de los principales periódicos de la ciudad a ser un taxista, sin ni siquiera realmente ser uno. Vio la hora marcada en la pantalla del teléfono y la foto del usuario que había realizado el pedido, o más bien la ausencia de esta, lla...