domingo, 6 de octubre de 2013

Encerrado (Capítulo 2)


Sentía un dolor punzante en la cabeza mientras me empujaban por la puerta, además de que parte del rostro se me comenzaba a inflamar debido a los golpes que habían descargado sobre mí.

Al salir de mi celda me topé con un largo pasillo lleno de puertas idénticas a la mía, y caminé a regañadientes mientras me encajaban cada vez más el arma en la espalda.

Cuando pasamos por la última puerta se escuchó como si alguien se arrojara contra ella y después del sórdido golpe hubo una serie de amenazas y gritos. Ellos únicamente rieron y me ordenaron con una voz fría que siguiera caminando.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Encerrado

Un día más llega a su fin.

Y al igual que la gran mayoría de los que le antecedieron, deja un sentimiento de vacío en mi interior.

Ya no sé cuánto tiempo llevo en este lugar, no hay ningún reloj en mi celda, como he decidido llamarle a este lugar por obvias razones, y no cuento con ningún tipo de calendario. La única forma de medir el tiempo, son las dos pequeñas pero largas ventanas que tiene el cuarto, tienen aproximadamente una mano de ancho y cerca de dos brazos de longitud, sin embargo, medir el tiempo por medio de ellas resulta difícil y desquiciante al mismo tiempo. Lo comencé a hacer cuando recién llegue a este lugar, anotaba en una hoja cada vez que veía el sol salir y cada vez que lo veía esconderse, pero al cuarto día de hacerlo tomé una siesta por la tarde, al igual que en muchos otros días posteriores, y de alguna forma, perdí la cuenta. No sabía si dormía y despertaba en el mismo día y me desorientaba, así que decidí dejar eso por la paz.

Malditas ventanas.

martes, 30 de abril de 2013

Enemigo

Desde el momento en el que abro los ojos, sé que algo está mal.

Me pongo de pie tan rápido como puedo y me quito el polvo de la ropa mientras veo a mí alrededor. Parece que me encuentro en el cuarto de máquinas de alguna antigua fábrica, el cual apenas y está un poco alumbrado por un par de lámparas que no dejan de parpadear, justo como un club nocturno. 

Me muevo tan rápido como puedo entre los inmensos monstruos dormidos, que alguna vez fueron utilizados por un grupo de trabajadores, e intento ser lo más silencioso y cauteloso posible, a pesar de estar a punto de caer varias veces debido a la poca y mala iluminación.

Ruego por no encontrarme con él mientras termino de atravesar el cuarto de máquinas y me adentro a un corredor que me lleva a través de varias habitaciones, entre ellas un cuarto lleno de casilleros y más adelante, por un inmenso comedor.

Continúo avanzando mientras me pregunto si lograre encontrar la salida a tiempo y cuando entro en una última habitación de la fábrica siento que todo mi mundo comienza a dar vueltas desenfrenadamente.

sábado, 9 de marzo de 2013

Miedo

Silencio…

¿Creen que por hacer silencio me engañarán? ¿Creen que no sé qué están ahí?
Siempre están ahí, en todo momento, en todo lugar. No hay donde esconderse, no hay a donde escapar.

Levanto mis manos y veo mis dedos, están completamente arrugados, mas arrugados que de costumbre. No sé cuánto tiempo he estado sentado debajo de la regadera, pero ya comienzo a sentir frio. Me tomo un par de minutos más y respiro profundamente antes de ponerme de pie, la ropa que aún llevo puesta está tan mojada que se siente un poco pesada al levantarme, y en el momento en el que coloco la mano sobre la llave para cerrarla puedo sentir como me invade el miedo.

Puedo ver mi mano temblar sobre la llave, sé que no es debido al frio pues las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos, no las puedo sentir caer debido al agua que hay recorriéndome el rostro, pero sé que están ahí. Justo en ese momento es cuando me siento estúpido, cierro los ojos, aprieto los dientes y comienzo a girar la llave haciendo que la caída de agua se detenga poco a poco.

Cuando termino de cerrar la llave me quedo inmóvil, esperando que algo suceda, pero no pasa nada, absolutamente nada. Me armo de valor y camino fuera del baño, del otro lado de la puerta, en mi departamento, todo esta inclusive más tranquilo. El lugar en el que vivo no es muy grande, lo cual agradezco, además las paredes son completamente blancas al igual que la mayor parte de los muebles dentro, y lo más importante, todo está ordenado y completamente limpio. Tan solo imaginar lo contrario hace que me comience a sentir mareado y me den ganas de volver a la regadera. Respiro profundamente para tranquilizarme nuevamente mientras avanzo al sillón más cercano y me dejo caer sobre él. Soy patético, me siento estúpido…estoy enfermo…

Es curioso que no sepamos lo que es realmente el miedo hasta que lo experimentamos en su forma más pura o en la más irreal. Todos le tememos a algo, la gran mayoría a morir, casi todos a perder a alguien cercano, algunos a la oscuridad y otros tantos a las alturas. Yo tengo algo llamado bacilofobia.

La bacilofobia es el miedo “irracional” a los microbios, las bacterias, los virus y la contaminación y por consiguiente no soporto cualquier tipo de suciedad, infección, desorden, contacto físico, etc., etc., etc…

No siempre he sido así. Solía ser un tipo normal, con una vida normal. Tenía familia, un trabajo, me divertía, era…feliz. Todo iba bien hasta que un día mi esposa, mi pequeña hija y yo, enfermamos. Lo que empezó con lo que parecía ser una simple gripa, poco a poco llevo a fiebres altas, dolores de cabeza que se transformaron en migrañas, dolor de cuerpo, cansancio excesivo, y perdida de movilidad muscular. Los médicos no sabían a ciencia cierta de que se trataba y se lo atribuyeron a una bacteria en el ambiente, nos colocaron en cuarentena e hicieron diversos análisis, un mes después de los primeros síntomas, caímos en coma. Solo yo desperté.

Cuando abrí los ojos seis meses después ellas ya no estaban, los doctores dijeron que habían muerto dos meses después de haber entrado en coma, no se explicaban como es que yo había logrado sobrevivir y mucho menos como era que estaba despierto.

La verdad es que a veces desearía no haber despertado nunca, después de todo ¿Cuál era el punto de hacerlo? en el momento en el que enfermamos  y perdimos la conciencia lo perdí todo y cuando abrí los ojos de nuevo muchas cosas habían cambiado, inclusive yo mismo. No recordaba como leer o escribir e incluso muchos recuerdos de mi pasado quedaron en el olvido. Sin embargo, no me tomó mucho tiempo descubrir que ese no era el mayor de mis problemas.

Tan solo el estar sentado en la cama del hospital me hacía sentir estresado, ansioso y con miedo. Pero, después de todo ¿Quién no lo estaría? apenas y podía hablar, no recordaba muchas cosas, mi familia había muerto y solo dios sabe cuántos análisis más me habían hecho. Pero no fue hasta que por fin regrese a casa que descubrí lo mal que estaba.

Una mañana justo cuando desayunaba, un insecto pasó a mi lado. En cuanto lo vi me puse a gritar eufóricamente y arroje los platos que tenía al suelo, sentía ganas de llorar y un miedo como el que no había experimentado nunca antes. No recuerdo muy bien si mate a aquel insecto o no, pero lo que si recuerdo fue que pasé el resto de los dos siguientes días en cama sin ánimos de hacer nada…estaba aterrado.

Después de ir a un par de consultas, el psicólogo me dijo que era lo que tenía y también me dijo que lo más probable era que empeoraría con el tiempo. Me recetó medicamentos y me dijo que fuera a consulta dos veces por semana. Ahora sé que si no hubiese sido porque  Ali estaba a mi lado, muy probablemente me hubiese suicidado después de eso. 

Allison era mi sobrina y mi único familiar, o por lo menos, era la única con la que aun podía contar. Ella siempre estuvo a mi lado y siempre me apoyó, después de todo no éramos muy diferentes el uno del otro. Ella había perdido a sus padres en un accidente de aéreo y ahora no soportaba ni siquiera estar cerca de una de esas “bestias voladoras mecánicas” como les llamaba.

Ambos creíamos estar muy seguros escondiéndonos, ella lo más cerca del suelo posible y yo, bueno, yo elegí no salir de mi departamento más que a mis citas con el psiquiatra y en algunos casos extremadamente necesarios, siempre y cuando Allison me acompañara. 

La verdad era que ninguno de los dos estaba verdaderamente a salvo.

Allison murió hace dos semanas, un conductor ebrio la arrolló camino al trabajo. Yo era su contacto de emergencias y el hospital me notificó por teléfono. Ella había estado ahí para mí, siempre me había apoyado y yo ni siquiera fui al hospital, mucho menos al funeral. Maldición, ni si quiera sé si hubo funeral alguno. Soy despreciable.

Sin Allison aquí para ayudarme, no he salido de casa, no he ido desde hace 2 semanas con el psiquiatra y a pesar de que lo he intentado localizar por teléfono, nunca contesta y por si no fuera poco hace 4 días se terminaron mis medicinas.

No conozco a nadie, y ni siquiera la policía me toma en serio cuando les llamo y digo que no puedo salir de casa por miedo a morir a causa de alguna bacteria. La comida se está terminando y…la verdad es que…no quiero morir aquí, no así, no después de todo.

El día de hoy, pasé toda la mañana reuniendo el coraje necesario y hace 3 horas crucé la puerta de mi apartamento, lo tenía que intentar. Caminaba por el corredor, sentía miedo, ansias y mi corazón latir a mil por hora, pero ni siquiera logre llegar al elevador. Después de un par de pasos Skipper me atacó. Ese maldito perro juguetón, se abalanzó sobre mí y comenzó a lamerme mientras movía el rabo. Pude sentir como los gérmenes inundaban mi cuerpo, como era infectado y el miedo me paralizó.

Para el momento en el que su dueña lo apartó de mí ya era muy tarde. Ella se disculpó y colocó su brazo sobre mi hombro preguntándome si me sentía bien. Yo únicamente la veía con odio, asco y miedo de volver a salir de casa. Me tomo un par de segundos salir del trance en el que estaba  y entonces me di media vuelta sin decir nada y rápidamente regrese a  mi departamento. Al atravesar la puerta cerré con llave y de inmediato me quité la boina que llevaba junto con mi gabardina, mi camisa e incluso mis zapatos, lo deje todo en el suelo y tome una botella de gel anti bacterial, me puse el gel en las manos, brazos, entre los dedos y rápidamente me metí a la regadera, me habré tallado jabón por todo el cuerpo por lo menos unas 20 veces, diablos me talle jabón hasta sobre la ropa que aún tenía puesta, y después simplemente me quede ahí sentado, debajo del agua.

Ahora, mientras estoy sentado en el sillón, pienso en que ya no tengo esperanza alguna. Tal vez simplemente me debería de quedar aquí sentado y esperar mi muerte, tal vez simplemente debería saltar por la ventana  o tal vez debería…

Es entonces cuando lo escucho.

Escucho moverse algunos trastes en la cocina y también escucho un pequeño chillido. Rápidamente me levanto del lugar en el que estoy y camino hasta la cocina. Y ahí está, la veo fijamente y por un momento siento como si me regresara la mirada, es la rata más grande que haya  visto.

Siento miedo, pero al mismo tiempo siento como poco a poco la furia crece dentro de mí, la veo ahí, parada sobre mi estufa y me pregunto cuanto tiempo llevara viviendo aquí. Tal vez ha estado desde siempre, infectado todo el lugar. La imagino sobre los trastes limpios, sobre la mesa, la estufa, comiendo cualquier cosa que yo dejara sin tapar o cerrar ¡Infectando todo el maldito lugar!

Es ahí cuando pierdo el control, comienzo a gritar y a mover los brazos de un lugar a otro, y cuando la veo comenzar a correr debido al miedo que le he provocado me siento extrañamente fuerte. Corro detrás de ella sin parar de gritarle y maldecirla y veo como se introduce en un pequeño agujero cerca del refrigerador.

Como rayos no vi ese agujero antes, como la deje estar aquí tanto tiempo ¡como permití que infectaran mi propio hogar!

Fue entonces cuando entendí que ya no estaba seguro en ningún lugar, y aunque me sentía con más miedo que nunca, me sentía sobre todo, furioso. Me habían quitado todo, mi familia, mi salud, mi felicidad, mi coraje y ahora, mi hogar, pero maldición, no iba a dejar todo sin una última pelea. 

Rápidamente regrese a la sala y tomé la camisa que me había quitado unas horas atrás, acto seguido corrí hasta el botiquín de primeros auxilios en el baño y tome el alcohol. Regrese a la cocina y coloque la camisa en el palo de la escoba que había allí, rápidamente vacíe la botella de alcohol y tome el encendedor de la cocina.

-¡Maldita seas bestia! - Encendí la pequeña antorcha casera que había echo y la coloque dentro de aquel hoyo en el que había entrado la rata.

-¡¿Quieres mi hogar?! ¡Pues ven y pelea por el!-

El humo que comenzó a elevarse hizo que las alarmas de incendio comenzaran a sonar. Pero yo no me movía, simplemente colocaba todo mi peso sobre aquella antorcha y por un momento me pareció escuchar los alaridos de aquella rata. Cuando sentí que era suficiente deje caer la escoba y sonreí ante mi victoria. Ya no me importaba el hecho de que el fuego se estuviera esparciendo, había ganado una batalla y después de todo lo que había pasado, eso me hacía sentir extrañamente satisfecho. Y entonces sentí que tal vez, y solo tal vez, no todo estaba perdido.

Comencé a caminar hacia la puerta, mientras el fuego crecía a mis espaldas y rogaba por que el resto de los vecinos hubieran escuchado la alarma de incendios. Estaba en la puerta y justo en el momento en el que mi mano rodeaba la perilla sentí como si alguien me enterrara algo en el pecho, solté la perilla y comencé a perder el equilibrio debido al dolor. Mi brazo izquierdo se comenzó a entumecer y casi no podía respirar, aunque no estaba seguro si eso era debido al humo o al ataque que estaba a punto de tener.

Me comencé a sentir mareado y por un momento sentí que la alarma contra incendio sonaba cada vez más fuerte y rápido, como si asemejara los acelerados latidos de mi corazón.

El dolor aumento y yo caí al suelo, comencé a gritar, lo hice con todas mis fuerzas. No podía creer que después de haber ganado una sola pelea, después de sentir que podía seguir adelante, fuese a morir en este maldito lugar. Apreté mi pecho, como si eso ayudara de alguna forma, y vi directamente a las llamas, sabía que ese era el fin.

-Sr. Thomas ¡resista!-

¡Allison! era su voz, pero ¿Cómo era posible? acaso me alentaba a no rendirme, o más bien me recibía con los brazos abiertos en la oscuridad de la muerte, sentía mi respiración cada vez más pesada e intente pedir ayuda, aunque de mis labios no salió nada más que un susurro.

-¡Doctor! ¡Lo estamos perdiendo! necesito su ayuda-

-¿Que sucede Enfermera?-

-Su ritmo cardíaco se disparó de pronto. Está teniendo un ataque-

¿Qué demonios está sucediendo? por qué está hablando mi sobrina con el que suena como mi psiquiatra, porque mi propia mente me tortura y ni siquiera me deja morir en paz, porque…

-Doctor ¿Qué está sucediendo?-

Oh, por dios. Esa es… ¿esa es la voz de Lauren? mi… ¿mi esposa está aquí? esta de alguna forma aquí… que… ¿qué me está sucediendo? mi vista se comienza a poner borrosa y me siento extrañamente soñoliento…necesito…

-¡Que alguien saque a esas personas de aquí!-

-¡¿Qué le sucede a mi esposo?! acaso esta… ¿está despertando?-

Lauren, Lauren, no me abandones…te necesito, nada ha sido lo mismo sin ti yo...

-Sra. Morrison acompáñeme-

-¡Enfermera dígame que está sucediendo!-

-Su esposo está teniendo un ataque cardíaco, ahora venga conmigo-

-Rápido enfermera traiga el Desfibrilador-

-¿papi?-

¿Mindi? siento como una lagrima me recorre el rostro en cuanto escucho a mi pequeña hija y en ese momento pierdo todas mis fuerzas. La densa oscuridad me envuelve entre sus brazos y mi último pensamiento es que no podré salir de ella, no de nuevo.

Para cuando abro los ojos de nuevo, estoy en el suelo, mi primer impulso es sentarme y no puedo evitar comenzar a toser violentamente.

-Hey amigo, que bueno que despertaste, pensamos que te habías perdido-
 
El bombero a mi lado dice las palabras con un tono amigable y me da unas cuantas palmadas en la espalda mientras me coloca una máscara con oxígeno. Me pregunta si estoy bien y lo único que puedo hacer es responderle moviendo mi cabeza de arriba abajo mientras me esfuerzo por seguir respirando.

-Descuida compañero, vas a estar bien, un médico te vendrá a ver de inmediato -

Me sonríe antes de irse y me levanta el pulgar para indicarme que todo estará bien antes de darse a vuelta y alejarse. Veo a mi alrededor, hay algunos autos de bomberos, y ambulancias, los paramédicos revisan a otras personas que al parecer también Vivian en el mismo edificio que yo. Levanto la vista y veo la ventana de mi departamento, parece estar completamente destruido debido al fuego, va a ser difícil de explicar cómo fue que comenzó el incendio. Pensar en eso me hace sonreír levemente y entonces me doy cuenta de que mis manos y mis brazos están completamente sucios debido al incendio, también me doy cuenta de que estoy afuera, en el suelo y todo a mí alrededor está sucio y lleno de gérmenes. Estoy completamente expuesto y por una vez en un largo tiempo, no me importa.

Cierro los ojos y respiro profundo, hasta que de pronto alguien me toma del brazo, al abrir los ojos veo a una enfermera.

-Eres muy fuerte ¿sabes? pensamos que te perderíamos, pero lo lograste, hiciste que nos lleváramos un gran susto-

Su voz es extrañamente familiar y reconfortante, suelta mi brazo y comienza a revisarme con su estetoscopio, no sin antes regalarme una sonrisa. Le sonrío de vuelta y noto que lleva una tarjeta de identificación en el uniforme, me sorprendo al leer el nombre en la tarjeta, Lauren Hills.
 
No sé lo que sucedió en antes de desmayarme, tal vez fue una alucinación debido al miedo, o a que estaba muriendo, tal vez nunca lo logre comprender. Pero lo que si se es que no estoy solo, Lauren siempre me acompañara no importa si estoy en una en el suelo después de haber sobrevivido a un incendio, el cual yo causé o si estoy en coma en una cama de hospital y ella me sostiene la mano.

No todo está perdido.

domingo, 10 de febrero de 2013

Perdido

Más rápido.

Debo correr más rápido, no puedo perder esa camioneta, no puedo dejar que se aleje. No puedo perderlo.

Todo pasó tan rápido. 

Una pequeña feria había llegado al parque no muy lejos de casa y habíamos ido junto con toda la familia. Mamá y papá fueron a comprar golosinas mientras Jerry entraba a la casa del terror. En cuanto a mí, yo me quede con el pequeño Timmy. Nos alejamos un poco de donde papá y mamá hacían fila y mientras Timmy veía a un payaso hacer magia yo me aparte de él un par de pasos, no fue más de un metro  y me distraje viendo una enorme rueda de la fortuna, pero fue solo un segundo. 

Un segundo…

sábado, 26 de enero de 2013

Libertad

Ya vienen, puedo escucharlos aproximarse a lo lejos.

No me sorprende tanto el hecho de que me hayan encontrado como la rapidez de su respuesta. Respiro profundamente y levanto la mirada hacia el cielo, es una noche despejada y hay luna llena, es hermoso. Me doy cuenta de que hacía tiempo ya desde la última vez que me detuve a contemplar el cielo y las estrellas, es gracioso, por llamarle de alguna manera, como es que algunas cosas simplemente las damos por sentado.

Es en ese momento cuando recuerdo el lugar en donde estoy, ellos aún no llegan y me pregunto si poder escapar, ¿Cuánto tiempo me queda? ¿Sera el suficiente? veo el reloj en mi muñeca izquierda, es casi media noche.

Me quedo observando las manecillas, su movimiento rítmico es hipnótico y no puedo evitar pensar en mi padre mientras me sumerjo en aquel Tick-Tack, él me regalo éste reloj poco antes de morir y ahora, es lo único que me queda de mi vida pasada.

martes, 22 de enero de 2013

Escape


Tengo que ser más rápido que ellos, debo seguirme moviendo a pesar del cansancio. No puedo dejar que me alcancen, no puedo volver ahí.

La luz de la luna llena acompaña mis pisadas y los arboles junto con la niebla hacen que el bosque parezca un enorme laberinto. Siento mi respiración agitada  y mis manos temblorosas. No puedo dejar de pensar que en cualquier momento alguno de ellos aparecerá frente a mí y me llevará de regreso, no, no volveré, no tomare de nuevo esas asquerosas drogas y no permitiré que me amarren de nuevo.

En el momento en el que por fin llego a la carretera me siento libre y justo cuando una sonrisa se dibuja en mi rostro y creo estar cerca de lograrlo, pienso en los otros ¿debería regresar a ayudarlos? ¿Debería si quiera intentarlo? Pero que estoy pensando, yo solo soy uno, y hay docenas de ellos…ellos…los olvide por un segundo, ya deben de estar cerca, tengo que encontrar una forma de salir de aquí.